Sin un estudio de huesos humanos desenterrados en Ranchito de las Animas o en Los Otates, no es posible aproximarse a una visión del hombre físico en los mas viejos pobladores de Actopan; sin embargo, no parece fuera de contexto incluirlos en el grupo totonaca del sur y filiarlos en la llamada “cultura de Ranchito de las animas”, posteriormente identificada por Alfonso Medellín Zenil y bautizada como “cultura de las remojadas”, aparentemente concluida en el nivel arqueológico llamado Clásico Tardío, por los años de novecientos de nuestra Era. Más habiéndose publicado mucho, en el primer cuarto del siglo XX, sobre una supuesta “Cultura de Cerro Montoso”, (Los Otates), también se llegó a conjeturar que habían sido distintos los hombres, los autores de tal cultura. Hoy, el fenómeno ha sido aclarado en los predios antropológicos; todo es cultura totonaca; Ranchito de las animas representa una etapa que llegó hasta los años 900 de la Era; parece interrumpida, liquidada bruscamente, y lo sería por guerras o enfermedades, y ciertamente fue sucedida, tambien como cultura totonaca, en Cerro Montoso, pero un una etapa militarista que obligó al abandono de los asentamientos urbanos en las planicies o los valles, y a buscar defensa en las mesetas o entre los cerros más fácilmente defendibles; en el centro de Veracruz abundan estos casos de poblaciones abandonando las tierras planas, parapetándose sobre las más altas y escarpadas.
Según “El Catecismo de la Doctrina Cristiana puesto en el Idioma Totonaco de la sierra baja de Naolinco, hecho por el sacerdote Francisco Domínguez”, con reimpresión en el año 1837, se consideraron cuatro agrupamientos Totonacas: el Tatiquilhati en la sierra de Papantla; el Chacahuaxtli de área Pántepec-Jalpan; el Ipapana en la región de los agustinos, que según Grijalva comprendió la parte occidental del Excantón de Chicontepec y sería propiamente idioma Tepehua; y el Tatimolo en la sierra baja de Naolinco, sin problema para incluir a los pueblos de la cañada del río Actopan, hasta Zempoala inclusive, capital de Totonacapan del Sur, con el idioma Totonaco, con la variante Zempoalteca; o ampliar a todo cuanto abarcó la vieja Tlacolulan y después el Excantón de Xalapa , pero con interrogante para el totonaco de Misantla, en donde Yecoatla parecería un enlace y decían hablar Lacaná.
A finales del siglo XIX y principios del XX, los restos humanos aún eran estudiados deficientemente, por eso lo escaso de la información proporcionada sobre lo encontrado por Doña Estefanía Salaa Krickeberg, mencionó la mutilación dentaria en los incisivos centrales de la mandíbula superior, como propios del Cerro Montoso (Los otates).
Pudiera ser, pero esa fue una característica en la “Carita Sonriente” que parece terminar con el “Clásico Tardío”, evolucionando hacia una forma grotesca, como documentalmente lo expuso Alfonso Medellín Zenil; el investigador germano agregó su sospecha de haber correspondido al sexo femenino; ahora se tiene testimonios de que las “Caritas Sonrientes” representaron al sexo femenino, al masculino, y al intermedio.
Se cita por su importancia, un último párrafo de Krickeberg: “Como lo demuestran los hallazgos, los muertos fueron sepultados estando encuclillados o acostados (Cerro Montoso, Ranchitos de las Animas); las ofrendas de barro que les pusieron, se encontraron en su mayor parte rotas, y muestran principalmente en la región de Cempoallan, casi siempre, una capa de cal, que tal vez era una especie de defensa, una protección en contra de las malas influencias, para los muertos. Pero talvez Solamente tenían una significación puramente simbólica. Entre los mexicanos el blanco es el color de todo lo que es muerto… el de los prisioneros para los sacrificios, que los pintaban con el color blanco (tízatl)”. Ahora se han encontrado entierros primarios y secundarios, incluso algunos por cremación; en el caso del entierro secundario, en toda la región, y así debió ser en Cerro Montoso, al menos para personas de alta jerarquía, se usaron mausoleos en forma de teocalli, con la urna para los huesos y las ofrendas; fueron lo después conocido por “boveditas” .
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